jueves, 21 de agosto de 2014

ACTO 25

  Al fín llegó  el día que tanto ansiaba el grupo, y no me refiero a ese en el que cualquier aventurero esperaría ser condecorado como Caballero Salvador del Imperio, no, si no ese con el que soñaban pegarse la madre de todas las juergas, y que no podía ser otro que aquel en el que verían actuar a su ídolo Chema Baya entre vapores de etílica juerga jolgoriosa. Así le vá al Imperio, así...

28 de Sommerzeit: Séptimo Día del Carnaval de Middenheim.

  Amaneció el día, y lo primero que hicieron nuestros protagonistas fue desvelar el misterio del papelajo que Karin robó la noche anterior, ya que la pequeña no sabía leer y lo afanó siguiendo su instinto y el número de coronas escrito en el mismo. Al pasar por las manos de aquellos que sí saben de letras, estos confirmaron las sospechas de Karin sobre el papel, y es que se trataba de un cheque al portador para el recibo de 80 CO. Aquello ya alegró la mañana, y pagaron con menos escrúpulos la asignación diaria a los papones.

  Lo siguiente era ponerse con las tareas de investigación del día, y Arty y Karin marcharon a ver el torneo de Waterpolo. Por el camino fueron testigos de una disputa entre comerciantes, e interesándose por ello, se acercaron a ver lo que ocurría. La situación propiciaba que Karin volviera a hacer de las suyas para acoger una bolsa repleta de monedas, y Arty se ofreció como intermediario entre los mercaderes para encontrar una solución mientras atraía todas las miradas hacia él, para que así la halfling se hiciera con el suculento alijo.

  Despues de varios tiras y aflojas, y ofrecimientos de trabajo al pobre Arty al reconocerlo como “El Paleto del Pueblo”, la guardia acabó haciendo acto de presencia dispersando a la gente y poniendo orden, momento que ambos compañeros aprovecharon para echar la bomba ninja y desaparecer de allí, con una bolsa con 50CO debajo del brazo. De esta manera, llegaron a la plaza de los marciales a disfrutar del espectáculo de waterpolo, donde vieron a Allavandrel, Rayane, Petra, Kirsten y Emmanuelle.

  Mientras tanto, Viktor y Magmar se dirigieron por su lado a ver a los hechiceros, pues tenían cita con ellos por el tema del anillo. Por el camino también tuvieron un pequeño percance, aunque el percance gordo se lo llevó el ratero que quiso hacerse con la bolsa de Viktor, a quien Magmar acabó partiendo el brazo en dos mitades bien diferenciadas, y que terminó  cantándolo todo cuando apareció la guardia, quienes se lo llevaron llorando como una nena, mientras pedían disculpas a nuestros protagonistas por lo sucedido.

  Halfling y enano terminaron llegando a la escuela de hechiceros de Middenheim, donde tras preguntar fueron llevados a la oficina en la que trabajaba Hanna Eberhauer, un despacho lleno hasta arriba de libros, pergaminos y ficheros, pero muy limpio y ordenado. Tras esperar un poco, hizo aparición el Gran Hechicero Helsseher, quien daba muy mal rollo y respeto por sus pintas de Gran Hechicero, y comenzó la entrevista. En ella, poco nuevo sacaron de los hechiceros, aunque estos sí que sacaron mucho a Viktor y a Magmar, y más les valía, ya que si no colaboraban, podían acabar teniendo que dar explicaciones a gente menos amable en algún calabozo de la ciudad sobre el motivo de hallarse en posesión del anillo mágico de un hechicero ajusticiado años atrás por hereje y mal bicho. Pudieron saber que el susodicho, cuyo nombre era el que figuraba grabado en el anillo como Gurtelrösse, fue ajusticiado años atrás por los Caballeros del Lobo Blanco con el cargo de practicante de Nigromancia. Sus objetos, tales como libros de los chungos, acabaron en la pira de la llama del Templo de Ulric, y se sabía a ciencia cierta, que tuvo que tener algún tipo de ayuda externa para poder escapar de la prisión en la que fue encerrado. Durante el intercambio de información salieron algunos nombres a la mesa, y Viktor pareció captar cierto interés de Hanna por Rayane, casi sentimental. También salió el tema de las investigaciones en palacio, y los hechiceros terminaron por pedir algún objeto personal a Magmar para encontrar a la osamentera, ya que al haber sido él quien había tenido tratos con la que se supone que le vendió el anillo, algún augur del colegio de hechiceros celestes tal vez podría encontrar a la osamentera a través de un objeto de quien estuvo en contacto con ella. Magmar no estaba por la labor de dejarle nada suyo a ningún mago, pero al final cedió a regañadientes presionado por Viktor, y dejó prestado uno de sus brazaletes. Hanna se ofreció personalmente a buscar información sobre el juicio a Gurtelrösse en la biblioteca del Templo de Ulric, y se puso de inmediato con el papeleo y los trámites para pedir asesoría y ayuda a las órdenes Celeste y Amatista, los primeros por sus artes adivinatorias, y los segundos, porque la erradicación de la nigromancia forma parte de su trabajo.

  Terminada la entrevista, y dejando claro que el brazalete de Magmar sería devuelto en cuanto fuera posible, nuestros protagonistas se despidieron dejando los nombres de los elfos como medio de contacto para el futuro.

  Y mientras tanto en la calles, tras el campeonato de waterpolo Arty se apresuraba a ir a buscar a Albrecht para el siguiente evento del carnaval que no se podían perder: la Final de la Copa de Snótbol. Ambos se dirigieron a ver el gran partido, con altas expectativas sobre el evento a ver la cantidad de gente que atraía el estadio, a rebosar de medidas de seguridad en forma de ogros contratados para la ocasión para evitar altercados entre los hinchas de los equipos que se disputaban la copa: Los Matones de la Puerta Sur, y los Orientales a quienes no favorecían las apuestas, sobre las que Arty se apresuró a arriesgar 5 de sus coronas para los Orientales.

  El partido dio comienzo con gran derroche de espectáculo Snotbolero. Tras ocupar sus asientos, los dos humanos pudieron ver que el Graf, quien debía de asistir al evento, se encontraba ausente en el palco de honor, en donde solo se podían ver a los 3 Mariscales de Middeheim. Pero la sorpresa gorda vino al ver al mismo Dieter, Campeón del Graf, en el terreno de juego, jugando en el equipo de los Orientales. El partido fue reñido, estando a favor de los Orientales desde el comienzo. Durante el evento sucedió de todo, desde gradas incendiadas por las bengalas de los forofos, hasta trifulcas entre hinchas de ambos bandos, pasando por objetos arrojados al césped con gran puntería (un mangual volador acabó abriéndole la cabeza al primer árbitro), e incluso una invasión del campo, cuando tras la aparición de las Cheerleaders animando al gentío, el mismísimo Luigi Pavarotti se lanzó a perseguir a una de ellas por todo el césped mientras era perseguido por un ogro con intenciones de aplacar su satiriasis a base de garrote.

                                    Desde el principio, el Snótbol dió poderosas razones a nuestros PJ-s para amarlo.

  Tras un duro empate, y una prorroga, el partido se saldó con el triunfo de los orientales, y un sustancioso beneficio para Arty por su apuesta a favor de ellos. El Graf no apareció para dar la copa, y los rumores que Arty y Albrecht escucharon por las gradas sobre el motivo hablaban de todo, hasta de su muerte por la enfermedad que padecía y de la intencionalidad de esconderlo por parte del palacio. Lo único que quedaba claro era que la copa se entregaría en la clausura del carnaval al día siguiente, junto a todos los premios que faltaban por entregarse. Y así, los dos humanos abandonaron el Bernabau, completamente enamorados del deporte que acababan de descubrir.

  A la hora de la merienda, todo el grupo volvía a reunirse en el carromato, poniéndose al día y preparándose para la función de esa misma tarde. Aún tenían tiempo de hacer otra actuación en las calles antes de dirigirse a la fiesta de Chema Baya, y así que lo hicieron, escogiendo un buen sitio, e interpretando la obra “El Tapete Bretón”, la cual habla de la fundación de la actual Bretonia. Volvieron a tener cierto éxito, recaudando 60CO, y al finalizar descubrieron que los dos elfos de la corte habían estado entre el público presente. Mientras recogían Allavandrel comentó que había encontrado a alguien en el palacio que había visto algo sospechoso, pero que prefería no hablar en cualquier lado dada su categoría. Invitándoles a ir con ellos a la fiesta de Chema Baya en “La Perdición del Templario”, los dos elfos decidieron que era un buen lugar para reunirse con el misterioso individuo. El club era un lugar público, que íba a estar lleno de gente entre la que pasar desapercibido, y relativamente seguro, por lo que se animaron a ir a la fiesta, despidiéndose del grupo para ir antes a cenar y hacer llegar un mensaje para la cita a quien podía darles suculenta información sobre las cosas del palacio. Así las cosas, el grupo se marchó a hacer una buena cena de bocadillos con salchichas (la cena de los fiesteros), para encarar la jolgoriosa rave a la que asistirían luego.

                                             Semejante delicia era bien merecedora de una canción dedicada.

  Tras la copiosa y salchichera cena (¡Con Ketchup!), nuestros protagonistas se presentaron en “La Perdición del Templario”. El local estaba abarrotado de gente, la mayoría con las mismas pintas que Brendan Lou y compañía, y vestidos de cuero negro. El escenario estaba siendo terminado de preparar por dos enanos encaramados a andamios, que atornillaban tubos, espejos, farolillos, lentes, y varias máquinas de vapor de extrañas formas, que sin duda alguna, era lo que daban fama a los espectáculos de luces de Chema Baya. El ambiente era animado, y se notaba expectación, por lo que rápidamente las ociosas manos de los presentes acabaron agarrándose a los vasos de distintos licores para no estar tan ociosas, y en esas que comenzó el show de Chema Baya, con sus luces, y su delirante música.

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                                  Alguno tuvo que gastar Puntos de Destino para no morir de un ataque epiléptico.

  El grupo se unió al fiestón que se montó frente al escenario, pero pronto llegaron los elfos, y tuvieron que dejar los divertimentos para otro momento. Bueno, todos no lo hicieron, ya que Magmar y Rayane acabaron pegando botes mano a mano al grito de los ¡Jujás! Pues tal es el poder de la música de Chema Baya, capaz de un imposible como unir a un enano y a un elfo en jolgoriosa camaradería etílica.

  Los que se tomaron el tema con mas seriedad terminaron en una esquina del local hablando del asunto. Allavandrel mencionó que el tipo con el que habían quedado había visto a una desconocida mujer rubia entrando en el palacio. No sabía mas del tema, pero podía ser la mujer tras la cual andaban, aquella tal Frau Kenner.

  Un poco después, vieron llegar a un tipo esquivo, y bastante nervioso que miraba a todos lados. Allavandrel lo reconoció como su informante, y fue a buscarlo para acercarlo al grupo. Resultó que el hombre, de unos 30 años de edad, era todo un Caballero Pantera del Graf, y por ello pidió seguir en el anonimato y no decir su nombre. Tal y como había dicho Allavandrel, una mujer rubia llevaba semanas entrando al palacio en las noches de Festag gracias a un salvoconducto totalmente legal. Se trataba de una mujer muy bella, y admitía avergonzado haberse interesado por ella, algo totálmente reprochable dada su posición de Caballero Pantera. Una noche, al salir del palacio la siguió con la intención de abordarla y tratar de conocerla, pero le extrañó muchísimo que una mujer tan bien vestida, joven y bella, terminara su paseo en “El Foso”, un tugurio de mala catadura donde alguien con apariencia de alta alcurnia no debería estar. Extrañado esperó escondido en la calle a que saliera, para luego volverla a seguir, dirigiéndose esta vez hasta lo mas profundo del Altquartier, donde nadie decente debería de ir. Allí la mujer entró en un edificio semiderruido y no volvió a salir. En este punto el hombre ya estaba muy asustado por lo extraño de toda aquella situación y no se atrevió a seguir investigando, por lo que volvió corriendo al palacio y no dijo nada a nadie, por miedo a ver comprometido su estatus de Caballero Pantera.

  Ante semejante revelación, y emocionados por que parecía que al fín habían encontrado algo de lo que tirar bien de la manta, el grupo preguntó al hombre si era capaz de recordar el sitio y llevarlos allí, a lo que al tipo asintió con firmeza. Decididos a no dejar pasar la oportunidad, ataron en corto a Magmar y a Rayane sacándolos de su fiestero desmadre frente al escenario, e informádoles de todo el tema y de lo que se proponían hacer. Así, se decidió que Rayane se quedaría esperando en “La Perdición del Templario” como seguro por si les pasaba algo, ya que sabía de todo el asunto, y podría pedir ayuda en el peor de los casos, mientras que los demás se dirigirían al Altquartier en busca de aquella sospechosa mujer y de explicaciones.